Justicia en la memoria

Cuando el aire suave se amarga y las hojas caen, yo también suspiro y canto por amor, que me tiene preso. Quien no siente en su corazón ese dulce padecimiento está casi muerto. Una sola alegría venida de ella me mejora, y cuando se va, todo pierde valor y sentido. Ninguna otra cosa en el mundo vale para mí tanto como ella. Vivo pendiente de su gracia, que puede levantarme o hundirme.

Arturo Lozano Aguilar no fue solo un hombre culto ni un profesor apreciado, sino una inteligencia rigurosa y una sensibilidad poco frecuente, entregadas durante años a comprender algunas de las zonas más difíciles de la experiencia humana. En un tiempo inclinado a la figuración rápida y al comentario efímero, una trayectoria así no debería reducirse a la conmoción pasajera del duelo. Merece algo más infrecuente y más alto: reconocimiento, gratitud y justicia en la memoria.

El Palmar de Troya

El Palmar de Troya

¿Qué separa una liturgia venerable de una ridícula? A primera vista, el tiempo, la tradición, el prestigio. Pero no basta. El Palmar de Troya inquieta porque exagera hasta volver visible algo más antiguo y más incómodo: la obediencia al símbolo, al rito y al disfraz de la autoridad.

El alquiler no es un problema: es una rendición

El alquiler es un problema estructural; la okupación, en la mayoría de los casos, un problema sobredimensionado. Pero hay algo aún más inquietante: la gente lo acepta. Se indigna en abstracto, en el bar o en el sofá, pero en cuanto aparece un anuncio, actúa. Envía mensajes en segundos, acepta condiciones que hace unos años habría rechazado, compite con desconocidos sin siquiera saber contra cuántos. No protesta: corre. Y no porque quiera, sino porque quedarse fuera no es una opción. No hay mucho margen de decisión cuando la alternativa es no tener dónde vivir.